
La sorpresa se consumó. Países Bajo cumplió la amenaza que venía cocinando a fuego lento en la tarde de este martes para poner fin a la aventura de España en los cuartos de final de la Copa Davis y, como consecuencia, a la carrera de Rafael Nadal.
La pareja formada por Wesley Koolhof y Botic van de Zandschulp cerraron el billete a semifinales, tras derrotar en el punto decisivo a Carlos Alcaraz y Marcel Granollers por 7-6(4), 7-6(3), en dos horas y 11 minutos.
Este resultado permite a Países Bajos igualar su mejor resultado en la competición, después de que ya se clasificaran entre los cuatro mejores equipos anteriormente en la edición de 2001 (p. con Francia).
Koolhof y van de Zandschulp cerraron una trabajada victoria, en la que debieron salvar un punto de set en la primera manga con 4-5, 40/A en el marcador. Finalmente, lograron cerrar la ventaja en un disputado tie-break.
En el segundo set supieron reponerse de un 2-4 en contra. Alcaraz y Granollers firmaron su primer quiebre del encuentro en el tercer juego que dio esperanzas a España, pero los neerlandeses respondieron en el octavo juego (4-4) y acabaron cerrando el partido de su lado.
Antes el No. 3 del PIF ATP Rankings había derrotado por 7-6(0), 6-3 a Tallon Griekspoor para dejar igualada la eliminatoria (1-1) entre España y Países Bajos, un choque seguido por el mundo del deporte con atención especial, dejando en manos del punto de dobles definitivo el destino de toda una nación. Para Carlos, que remontó una rotura en la primera manga, el partido fue un balón de oxígeno gigante.
Previamente, el corazón de España había comenzado a latir con una intensidad especial. En Málaga, parecía imposible reunir más emociones en menos espacio.
Aún no había empezado a volar la pelota de lado a lado de la pista y se hacía difícil contener la respiración. Incluso al propio Nadal le costaba reprimir alguna lágrima mientras sonaba el himno español, consciente de que podría ser la última vez que se vestiría de corto para disputar un partido profesional.
El antiguo No. 1 del mundo, de números legendarios, estratosféricos y muchas veces de otro mundo, mostró su lado más humano antes de encarar el duelo inaugural de cuartos de final de las Finales de la Copa Davis frente al neerlandés Botic van de Zandschulp, que acabó imponiéndose por 6-4, 6-4, en una hora y 51 minutos.
Nadal se había prometido un esfuerzo más. Regalarse un último baile. No quería despedirse en una sala de prensa, sino vestido de corto, con la raqueta en la mano, como tantas veces lo ha hecho en sus más de 20 temporadas de carrera. Y en Málaga tuvo la oportunidad.
Era difícil contener los nervios. Tanto para el español como para su rival. Y eso se trasladó a los primeros juegos con el servicio de ambos. Nadal tuvo que trabajar un 15-30 en contra, mientras que van de Zandschulp cometió tres dobles faltas seguidas en su toma de contacto inicial con el servicio.
Pero el primer break no llegó hasta el noveno juego del partido, un momento clave para que van de Zandschulp arrebatara su primer set a Nadal, que dominaba el Lexus ATP Head2Head por 2-0 hasta hoy.
El quiebre quebró como un puñal la confianza del español, que vio escapar cuatro juegos consecutivos desde el 4-4 del primer set para situarse con 0-2 también en el segundo set. Como siempre lo ha hecho, Nadal se negó a entregarse, aunque sus piernas ya no respondieran y su energía estuviera lejos de la que le ha llevado a la gloria. La ventaja fue insalvable.